La inocencia de quien no sabe, hace que no se conozcan los números que lleva detrás un concurso. Y muy pocos serán los que sepan cuánto vale abrir la Plaza de Toros de Castellón. Sabiendo esas cosas uno se puede hacer una idea de que en la pasada Magdalena, las cuentas salieron a empatar y gracias. Y en Noviembre el drama de pérdidas fue de película de terror.
¿A quién le echamos la culpa esta vez? Pues esta vez no hay culpables, al menos actuales. Esto es así y punto. Lo programado en Marzo fue la bomba. Un cartel de vacas alucinante, un formato rompedor y una campaña publicitaria nunca antes hecha. ¿Respuesta? 2.500. Un concurso que debería haber convocado al doble de espectadores. Y podremos agarrarnos al clavo ardiendo de que hubo otro festejo enfocado al aficionado al ganado corrido que pudo hacer que se repartiera el público. Y que a lo mejor con solo anillas hubiera ido más gente. El clavo es muy pequeño y quema mucho.
Pero no solo es que lo programado fuera la bomba, es que lo visto aquella mañana en la arena fue para hacer afición. Las vacas estuvieron muy bien en líneas generales y las parejas lo dieron todo. Aceptaron el reto y dieron la cara. Fue un mensaje claro, en Noviembre cuando volvamos, esto merece la pena. Se entiende la frustración de los recortadores levantinos por no poder ver un concurso en su tierra. Máxime cuando Javier Soler lo dio todo en la pasada Magdalena incluso arrastrando una pierna y que Rafa Moralo puso a la plaza en pie en Noviembre. Las anillas son el festejo del ganado corrido por antonomasia. Eso ha sido, es y será así. En las anillas, que se recuerde, nunca se ha mandado meter para dentro a una res porque no se podía con ella. Aunque no sean maestros, recortan por el derecho a todas, que además son rápidas, están solo dos, no cambian de dirección, no retuercen a las vacas y tienen tres minutos para hacerlo. Eso es recortar de verdad y con verdad. Sin trucos. No se niegan a salir si están vacas difíciles que se cruzan. El que ama el ganado corrido quiere que se luzca el animal. Lucirse es que le dejen hacer hilo y poder rematar después de una suerte sin quebrantos ni partidas de riñones al tenerse que revolver en un palmo (dando vueltas tienen muchísima ventaja dos piernas sobre cuatro patas). Eso, donde se puede ver, es en las anillas. Disciplina que nunca se ha planteado asfaltar una plaza... Cuando no se tiene la afición bien aprendida...
Pero, ¿qué pasó en Noviembre? La ruina. Y podremos buscar las excusas que queramos. La coincidencia con el festejo de Teruel... Pues bueno... Ni con los que fueron a Castellón y Teruel juntos hubieran salido las cuentas. Pensar que todos los que estuvieron en Teruel hubieran ido a Castellón o viceversa es ser bastante iluso. Probablemente no le restó ni una centena de entradas. ¿Le restó público la ausencia de las vacas previstas y los cambios de esa propia semana? Sí, una cincuentena de seguidores de los hierros aragoneses. No más. ¿Si hubiera habido más parejas hubiera ido más gente? No, y además se hubiera visto un peor espectáculo. Y matizando que algún recortador optó por no salir. El mayor puyazo al festejo se lo pegó el que Zaragoza abriera las puertas a las mejores vacas. Puestos a ver ese elenco ganadero, lógicamente es mucho más apetitoso verlo en La Misericordia que en Castellón. El festejo tenía sentido cuando era ver lo opuesto a lo que se veía en el Campeonato Nacional. Y aún así... Si hubiera seguido Zaragoza como antes... ¿Hubiera sido el doble la entrada? Pues tampoco.
Sin el concurso de Noviembre, ¿quizá hubieran tenido una segunda oportunidad las anillas? Quién sabe. ¿La solución pasaba por no hacer lo de Noviembre? Seguramente los mismos que critiquen que se hizo, serían los primeros en haber criticado su suspensión. La palabra es sagrada. Toropasión anunció que iba a haber una final de su competición en Noviembre en Castellón. Aún teniéndolo en bandeja para suspender esa semana por las restricciones de la dermatosis nodular, no lo hizo. Les honra. Por respeto a los que fueron. Empresario se es a las buenas y a las malas. Esta sabían que era de las malas y aún así aguantaron el volteretón pregonado.
Después de verlo es muy fácil decir qué habría que haber hecho. Si se guarda uno en la manga dos cartas, una para criticar una cosa y otra para la contraria, siempre se tienen las de ganar. ¿Toropasión se equivocó al pensar que tenían sitio las anillas en su fin de semana del Campeonato de España de Recorte Libre? Sí, ahora está claro que fue una equivocación. A esa equivocación se suma servidor que también creía que podría verse una entrada de 3.000 personas. De hecho, una publicación en Facebook un año antes imaginaba un posible concurso similar creyendo que funcionaría (por cierto se incluía en esa lista de vacas a una que nunca había hecho anillas y que ha sido una de las mejores de la temporada pasada). No hay suficiente afición al ganado de corro, por mucho que se diga. Porque afición es querer pagar una entrada. El cerril gana por goleada. El bofetón de realidad ha sido el que ha sido.
No queda otra que asumir la derrota. Sin culpables. Se ha probado haciendo las cosas de la mejor manera posible en lo programado. Campañas publicitarias de quitarse el sombrero como nadie más es capaz de hacer. Los recortadores apostaron y dieron la cara. Las vacas funcionaron. El aficionado estuvo. La final de Noviembre con "Pericola" y "Emilia", quedará para la historia. Aunque se vio la realidad de que, por mucho pecho que se saque, aficionado que pague entradas en el levante, hay el que hay. Aficionado de verdad, no el chufla que se da golpes en el pecho porque no hay festejos para "lucirse" él mismo pero que no va a verlos nadie. El público es el que no estuvo. Y sin un volumen de público que pague la entrada, no es viable. Se entiende el fastidio de ese aficionado que se deja el dinero y le gustaría ver anillas en Castellón. Esos pocos que son fieles deberán entender que no son viables las anillas con esa respuesta de público. No se debe caer en el egoísmo de exigir que hagan algo que nos guste si no tiene aceptación. Ni tampoco creer que los pataleos ruidosos en redes sociales son reflejo de los gustos de la mayoría. Quien quiera ser un mecenas que esté dispuesto a no ganar un euro en el mejor de los casos y a perder cuatro cifras en el peor, adelante. Aunque duela, esto es lo que hay.

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